Observando a mis gatitos, Bastet y Azabache, me he dado cuenta de la importancia del cuerpo físico (los gatos saben cuidarse como nadie), y he reflexionado sobre la poca importancia que le damos en nuestra ajetreada vida cotidiana. «Mens sana in corpore sano«, decía el poeta latino Juvenal en sus escritos; todos estaremos de acuerdo con esta frase pero.., ¿cuántos la pondremos realmente en práctica?

La Respiración Consciente no es una técnica nueva: desde los albores de la historia lleva ayudando a multitud de personas en todo el mundo a ponerse en contacto con su «consciencia corporal», para aprender a gestionar mejor sus emociones desde un enfoque completamente físico.
Prestar atención de forma deliberada a nuestra respiración es una toma de conciencia de nuestro propio cuerpo y de cómo nos afectan las emociones. Se trata de un sistema de curación emocional corporalmente orientado, que nos permite «enfocarnos» para reconocer y luego cambiar la forma en que nos enfrentamos a ciertas situaciones conflictivas en nuestra vida cotidiana.
Además de ayudar a disminuir los niveles de ansiedad y estrés, la práctica de la respiración consciente estimula e incrementa la capacidad pulmonar, aumenta la concentración, favorece la eliminación de toxinas y aumenta el control sobre las emociones. También está científicamente comprobado que mejora el sueño, fortalece el sistema inmunitario y aumenta la capacidad creativa del practicante habitual.
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