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El destino de Ulises: navegando en círculos

Dice la historia de la literatura que Dante colocó a Ulises, el mítico rey de Ítaca, en uno de sus círculos del Infierno en la “Divina Comedia”: concretamente en el Octavo Círculo, el de los malos consejeros, por querer ser más de lo que realmente era e instar a sus compañeros a realizar una travesía peligrosa, y que acababa en desgracia, para su supuesto beneficio. Dante obvia el regreso a Ítaca y a propósito se ceba en la figura del gran héroe griego para justificar un juicio sobre sus acciones basado en la creencia de que las artimañas de Ulises muchas veces causaron daño a otros.

La mayoría de nosotr@s ni siquiera alcanzamos la categoría del ingenio, la astucia, la inteligencia y el desparpajo del viejo Ulises.., y por eso mismo nos puede parecer que tenemos “más delito”. Pero ayer mismo me ocurrió en el transcurso de una sesión de coaching personal, y hoy lo comentaba con otra clienta: navegar en círculos es malo, muy malo. Y además es peligroso. Los bloqueos que usualmente cargamos a nuestras espaldas son tremendos escollos en el camino del crecimiento personal, y la mayoría de las veces ni siquiera nos damos cuenta de qué es lo que pasa hasta que naufragamos.

A veces sucede que uno de estos bloqueos en cualquier área de nuestra vida nos mantiene en situación de parálisis, debido a un conflicto con alguien o con nosotr@s mism@s. Nos mantenemos atrapad@s en un bucle del cual difícilmente se puede salir. Se trata de situaciones extremadamente dolorosas, que generalmente se repiten una y otra vez, como las penas de los condenados del “Infierno” de Dante… A tod@s nos ha pasado alguna vez: por más que intentamos hacer las cosas de otra forma, hay algo muy profundo que nos bloquea, y que hace que volvamos a entrar una vez más en esta situación de eterno retorno, y por consiguiente a navegar en círculos.

Ulises fue un héroe griego que por ofender a sus dioses estuvo largos años tratando de regresar al hogar del cual era rey, la hermosa isla de Ítaca, en el mar Jónico.

No me veo capaz de engañar a nadie: el salir de estas situaciones definitivamente no es fácil, y generar una nueva realidad que nos inspire y nos aliente al crecimiento personal, tampoco lo es. ¡Pero sí que es posible! A mi cliente de ayer, R., le pregunté en determinado momento: “¿Te has dado cuenta de que estás metida en una noria desde el punto de vista profesional?”. Si no queremos permanecer navegando en círculos por vaya usted a saber qué infierno personal o laboral, lo primero que hay que hacer es reconocer que existe un problema. Luego, hay que tomar acciones para abordarlo, como por ejemplo detectar qué es lo que se está repitiendo en nuestra vida, y qué creencias internas lo sustentan.

Romper la inercia: ésa es la clave que orientará a partir del momento en que decidamos cambiar nuestra ruta de navegación. Es muy lógico: una acción limitante genera situaciones, emociones y resultados limitantes, y una acción inspiradora, todo lo contrario. Pero antes de tomar acción, es fundamental tomar contacto con las propias emociones y expresarlas, tal vez mediante algún tipo de conversación que haya quedado pendiente. Después, algo después, ya vendrán las siguientes fases: enfocarnos realmente en el objetivo a conseguir, descubrir por el camino nuestros valores, y finalmente generar nuevos hábitos que nos ayuden a perfilar ese cambio y ese objetivo tan deseado, tan buscado… Las Ítacas hacia las cuales nos dirigimos son tan infinitas como infinito es el profundo anhelo del ser humano por alcanzar todo aquello con lo que sueña.

Yo tuve ayer que romper la navegación en círculos de R. con mucho esfuerzo, mediante una toma de conciencia reveladora acerca de sus auténticas emociones, ésas que ni siquiera se atrevía a reconocerse a ella misma. Mi esfuerzo es muy o no quiero acabar como Ulises, dando vueltas en el Octavo Círculo de l@s mal@s consejer@s, aunque el 8 sea mi número.

Cada quién tiene su propia danza en la Rueda de la vida… Hay actitudes, comportamientos, emociones, sentimientos y creencias tan profundamente arraigados en nuestra personalidad que nos sumergen en esa suerte de espirales que tiran de nuestros pies hacia abajo, como si fueran una especie de ojo del huracán que nos atrapa y sólo desgasta nuestra energía. El propósito de un@ coach consciente no es derribar muros: es destrabar a sus coachees y liberarlos de aquellos lugares donde se atoró, para que puedan fluir sin lastimarse ni hundirse por completo.

Para dejar de navegar en círculos, lo importante es atreverse a romper con las rutinas que no sirven… ¡Tod@s tenemos el poder de cambiar y mejorar nuestra vida!