Orden de Deshaucio

Trabajar con técnicas y herramientas de Coaching es una de las experiencias más gratificantes que he experimentado en toda mi vida. Ahora mismo estoy elaborando una especie de “plan de acción” que me sirva como un guión de base para acometer cualquier proceso de Coaching vivencial que una persona que se acerque a mi me proponga llevar a cabo, en base a sus necesidades y experiencias de vida previas.

Una de mis Coachees, que ya va por su cuarta sesión (el tipo de Coaching que yo practico, orientado plenamente a objetivos, consiste únicamente en unas 7 u 8 sesiones, no más, porque no pretendemos “crear adicción” en la persona, sino llevar a cabo auténticas transformaciones existenciales), me ha dado permiso para que publique este texto. Sólamente lo he editado un poco, pero es todo de su cosecha. En Coaching pueden utilizarse en ocasiones algunas herramientas, aunque no es lo habitual, y ésta es una de ellas.

Obviamente, por la ley de protección de datos no citaré su nombre ni daré dato adicional alguno.

Se trata de la carta que mi Coachee ha escrito a un tal “Sombra Negra“: una entidad que en un principio me pareció muy sombría y siniestra, pero que según avanza la lectura, cambia completamente de apariencia, de manifestación y de naturaleza. Se supone que mora en su interior.., en algún lugar entre su corazón y el plexo solar. Por supuesto que es un asunto simbólico, pero a mi juicio, muy significativo.

No digo más: ahí os dejo con este excepcional trabajo. Quizá a algun@s de vosotr@s os “resuene” mucho: en mi caso, absolutamente así ha sido. La carta en sí se titula “Orden de Deshaucio“, por si os sirve de inspiración.

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Sombra Negra: te escribo esta carta porque ya no sé de qué manera llegar a ti, para que me sientas y me comprendas… Necesito que hoy empatices de una vez conmigo.

Llevas años, muchos años instalado de forma permanente dentro de mi, sin pagar ni siquiera una minucia de alquiler, en la habitación más luminosa y amplia de mi casa. Ésa que se encuentra en la mejor zona de mi, donde siempre están las mejores vistas: donde reside el corazón y la luz.

Con el tiempo te fuiste haciendo cada vez más y más grande: no parabas de hacer ruido, de moverte demasiado, de golpear con fuerza las paredes y puertas. En muchas ocasiones, ni tan siquiera dejabas que los rayos de sol pasasen a través de las ventanas. Me di cuenta de tu presencia cuando tan sólo tenías unos centímetros de tamaño, aunque posiblemente llevabas ahí desde siempre, como un diminuto átomo, o un pequeñísimo embrión que fue creciendo, creciendo y oscureciéndose.

En el momento en que te comencé a percibir, aún tenías un color grisáceo: ese tono que colorea la falta de confianza, de autoestima, la necesidad imperiosa de afecto, el temor al rechazo y al abandono, la ira, la rabia, el dolor y el MIEDO… El MIEDO, sí: ése ha sido el plato estrella, el gran manjar del que te has alimentado, el que te ha hecho crecer tanto que a día de hoy te ha convertido en esa masa viscosa, negra como el alquitrán, como petróleo derramado en mis entrañas.

Moviéndote y golpeando con fuerza, te empecé a sentir más al morir mi padre. Quiero que te vayas, que no sigas desordenando todo lo bueno que algún día tuve cuando tú, en un momento de debilidad, aprovechaste para apoderarte de lo que no es tuyo. Afortunadamene hay un huésped más en la casa, que danza alrededor de las habitaciones. Ella es Piedra de Luna, una suave brisa de color blanco azulado que baila un paso de baile sutil alrededor de ti. Ella es como una caricia, como un susurro en medio de tanta oscuridad…

Sé que te sientes débil y vulnerable, y que ante ella intentas crecerte. “¿Cómo tan sólo un soplo de aire me va a echar de aquí.., A MÍ?“, te repites constantemente. “Ingenua…”, piensas… Crees que al sentirte tan inmenso tienes más “poder”, más “fuerza” que un beso, que un suspiro, y no te das cuenta de que Piedra de Luna, con sus suaves manos, con sus dulces palabras, con su comprensión, con una sola caricia, podría romper en mil pedazos esa coraza de cáscara negra que te recubre, y en la que vives prisionero.

No, no eres más fuerte que ella: todo es una ilusión. Te crees muy poderoso, pero no lo eres tanto. Piedra de Luna, con su danza intensa pero relajante, hipnotizante, flotante y llena de abrazos, de cobijos, de amor.., quizás algún día incluso te venza o mejor dicho, tú te rindas a ella. Y esa cáscara negra que no es tan gruesa, esa cáscara como de huevo se caerá al suelo, con su suave danza, y tú te liberarás al fin.

Sé que te imaginas muy listo, pero en realidad estás solo y abandonado; y es por eso que tienes que imaginarte que eres muy fuerte y poderoso, el más macho, aunque en realidad sólo eres como un niño perdido… Eres muchísimo más frágil que Piedra de Luna, que por las noches te sigue hablando con amor, con cariño, de manera dulce a pesar de tu despotismo, de tu rencor, de tu maldad y de que nunca la dejes pasar a la habitación más luminosa de mi casa. La verdad es que sufres porque la deseas, pero no puedes aceptarla. Quizá algún día te pongas de rodillas, te des por vencido, y entonces dejes entrar a Piedra de Luna y de ese modo tu sucia máscara, como de petróleo, se convierta en tan solo una capa sutil de un color blanco reluciente. Ése será el momento en el que te des cuenta de quién es realmente ella, y por fin dejarás el sol pasar.

Porque sinceramente.., no creo que te vayas a ir nunca. Pero sí que guardo aún alguna esperanza de que la danza suave del amor venza de alguna manera a la masa viscosa, triste, abandonada y sola.., del MIEDO“.